Lectura y comprensión obligatorias para el lunes 19 de agosto.
Semiótica
Introducción.
Lo
que es la Semiótica.
El
actual término “semiótica” remite a una muy larga
historia de búsquedas y exploraciones en torno al complejo
fenómeno de la significación o de las situaciones significantes,
que han desembocado en as actuales prácticas de desmontaje, de la
más diversa índole, aplicadas a distintas configuraciones
culturales, interesadas en los sistemas y mecanismos de la
significación.
En
efecto, hoy en día circulan varias definiciones de semiótica que,
de hecho, corresponden a otros tantos proyectos, diversos entre sí. Para
Pierre (Collected Papers) semiótica es “la doctrina de la
naturaleza esencial de las variedades fundamentales de toda posible
semiosis”; para De Saussure (Curso), se trata de “una ciencia que
estudie la vida de los signos en el seno de la vida social” a la que
propone que se dé el nombre de “semiología”. Para Erik
Buyssens (La comunicación et l´articulación linguistique), en
cambio, se trata del “estudio de los procesos de comunicación, es
decir, de los medios utilizados para influir a los otros y reconocidos como
tales por aquel a quien se quiere influir”, la llama semiología.
Mientras Ch. Morris (Signos, lenguaje y conducta) define la semiótica
como una “doctrina comprehensiva de los signos”; para Umberto Eco
“es una técina de investigación que explica de manera
bastante exacta como funcionan la comunicación y la
significación”.
Este
patente desacuerdo sobre lo que debe entenderse por semiótica,
independientemente de los acuerdos que conlleve, plantea de entrada un serio
problema de terminología. Por lo pronto, el nombre: unos llaman
semiótica lo que otros llaman semiología. En segundo lugar,
más allá del nombre, nos interesa la semiótica como una
práctica analítica. Una cuestión importante, de acuerdo con
esto, es qué significa en concreto, para cada uno de estos proyectos, la
expresión “hacer semiótica”: qué significa
saber, realizar un “análisis semiótico” de un
determinado texto, sea verbal o no, según la idea que cada uno de ellos
se hace sobre la disciplina. Por lo general, parece existir un acuerdo en que el
análisis semiótico no es un acto de lectura, sino, más
bien, un acto de exploración de las raíces, condiciones y
mecanismos de la significación. Cómo está hecho el texto
para que pueda decir lo que dice. “Hacer semiótica” significa
no sólo identificar los distintos componentes de la semiosis, sino
clasificar los distintos tipos de signos y analizar su funcionamiento en sus
diferentes niveles.
La
disciplina que tiene por objeto estudiar los sistemas de signos se ha
desarrollado, como antes se vio, bajo dos nombres: semiología y
semiótica. Por principio de cuentas, el uso del término
semiótica o semiología remite a un diferente ámbito de
origen: la disciplina emanada de Peirce y desarrollada especialmente en Estados
Unidos prefirió el nombre de semiótica; mientras la engendrada en
por Ferdinand de Saussure, más ligada al universo europeo,
prefería el de semiología.
Pero,
en general, se puede decir que durante una parte del siglo XX se mantuvieron los
dos ya usándose indistintamente, ya dividiéndose civilizadamente
en el campo. Así, se dio en llamar “semiología”, sobre
todo en Francia, tanto a la disciplina que tenía por objeto el estudio de
los signos en sistemas verbales, como a la corriente europea (sausurreana) de la
semiótica. En cambio, se llamó semiótica ya a la disciplina
que se ocupaba de los sistemas de signos no verbales, ya a la corriente
anglosajona de base lógico-filosófica (Peirce, Frege, Russell
Odgen y Richards, Morris, Carnap, Wittgenstein, Tarski, etc).
En
resumidas cuentas, la semiótica se ocupa de signos, sistemas
sígnicos, acontecimientos sígnicos, procesos comunicativos,
funcionamientos lingüísticos y cosas así. Es decir, la
semiótica se ocupa del lenguaje entendido tanto como la facultad de
comunicar que como el ejercicio de esa facultad. La semiótica, por tanto,
se ha ocupado de las más variadas cosas: arquitectura, cine, teatro, las
modas, las señales de tránsito, la publicidad, la literatura, el
arte, los juegos, las normas de cortesía, la televisión, los
gestos, y demás de esa índole.
La
parte de la semiótica que estudia las relaciones entre significantes y
significados es la semántica. Se llama así a la rama de la
lingüística que se ocupa de estudiar el significado tanto de las
palabras, como de los enunciados y de las oraciones. Dentro de un ámbito
todavía más específico, hay la onomasiología y la
semasiología: la primera se ocupa en general de la tarea de dar nombres a
los objetos y en concreto de las denominaciones que se dan a un mismo referente.
La semasiología, en cambio, es la actividad inversa.
A
la parte de la semiótica que se encarga de estudiar las relaciones entre
significantes y usuarios se le llama pragmática y, en efecto,
estudia el empleo de los signos por los seres humanos en sus diferentes maneras
de relacionarse. Sin embargo, dentro de este ámbito, se pueden distinguir
al menos tres direcciones en la actual pragmática. Se la puede entender y
se la entiende, en efecto, tanto como una doctrina del empleo de los signos, que
como una lingüística del diálogo y, finalmente, como una
teoría del acto del habla.
Finalmente, se llama sintaxis a la parte de la semiótica que
estudia las relaciones de los significantes entre sí. Se puede decir, por
tanto, que de acuerdo con el modelo saussureano, la semiótica
“está por encima” de los objetos particulares de cada una de
estas disciplinas que se ocupan de alguno de los componentes del proceso
semiótico.
Hay
toda una corriente de una semiótica que bien podría llamarse
filosófica, heredera de Pierce, de corte anglosajón, que cobija
los trabajos de la corriente lógico-analítica de Frege,
Wittgenstein, Carnap, Quine, Odgen y Richards, Moore, Russell y, sobre todo,
Charles Jakobson, el verdadero comienzo de la semiótica se dio en los
territorios de la lógica.
Bibliografía:
http://www.tuobra.unam.mx/publicadas/030614003225.html
En base a lo leído se hará en clase un análisis semiótico de las siguientes pinturas.
Persistencia de la memoria de Salvador Dalí
Multiformas de Mark Rothko
Las meninas de Velázquez